¿Qué son las obsesiones?

Todos tenemos manías, pero cuando éstas pasan a ser recurrentes, de tal modo que condicionan nuestra vida y limitan nuestra libertad de actuación, se convierten en trastornos obsesivo compulsivos. Su origen está en pensamientos irracionales negativos a los que debemos hacer frente. Aquí proponemos algunas ideas para ello.

El ser humano ha sido bautizado como animal racional. Pero, no pocas veces, esa racionalidad sirve para causarnos preocupaciones y enfermedades como las obsesiones. Para definir éstas, debemos comenzar por explicar qué es obsesión y qué no lo es.

Todas las personas tenemos alguna manía: unos dudan sistemáticamente si han apagado la luz o cerrado la puerta al salir de casa y regresan para confirmarlo; otros cuentan todo lo que está a su alcance -peldaños de las escaleras, baldosas, etc-; hay quien lleva un amuleto completamente inútil en el bolsillo; quiénes ocupan siempre la misma silla en las reuniones; quiénes memorizan cualquier cosa; en fin, la lista sería interminable.

La de la limpieza es una de las manías más frecuentes

La de la limpieza es una de las manías más frecuentes

Pero cuando estas manías condicionan nuestra vida del tal forma que, si no llevamos a cabo estas ceremonias, sufrimos y nos angustiamos, nos encontramos ante un trastorno obsesivo compulsivo, una obsesión, que limita nuestra libertad vital y que puede requerir la intervención de un psicólogo o un psiquiatra.

Por tanto, podríamos definir obsesión como un pensamiento que se repite de modo insistente, a pesar de que la voluntad de la persona trata de evitarlo. Cuando se convierten en hábito de conducta, el individuo se ve obligado a ejecutarlos para sentirse bien, aunque es consciente de que son absurdos e irracionales. Si las obsesiones se asocian entre sí, hablamos de rituales patológicos.


La causa de las obsesiones se halla en los pensamientos negativos que proporcionan una visión subjetiva de la realidad. Estos pensamientos proceden de la magnificación de los aspectos menos positivos. Por ejemplo, ante un problema, la persona se conciencia de que también le va a pasar a él; cree que los demás tienen una opinión desfavorable sobre él; o tiende a verlo todo negativo. De esta desconfianza, nacen las obsesiones.

Otra manía recurrente: dudar si hemos cerrado la puerta

Otra manía recurrente: dudar si hemos cerrado la puerta

Ante estos pensamientos, debe responderse siguiendo varios pasos. En primer lugar, deben identificarse y examinarse con racionalidad y distanciamiento, con frialdad, lo cual nos llevará al segundo paso: probablemente, veremos que esas ideas negativas son sólo hipótesis. Y ello nos sitúa en un tercer paso, que es analizar esas hipótesis y darnos cuenta de que el hecho de que un pensamiento sea una hipótesis no quiere decir que sea cierto, puede ser -en la gran mayoría de los casos, lo es- radicalmente falso.

Otro sistema efectivo para afrontar esos pensamientos negativos es perderles el miedo. Plantearse lo más fríamente posible qué sucedería si fueran ciertos, ¿Sería realmente una catástrofe? Pobablemente nos daremos cuenta de que no.

Fotos: Cepillos: Montanabw en Wikipedia | Puerta: Kahopyc en Wikimedia