¿Qué son los extremófilos?

Aunque etimológicamente pueda parecerlo, los extremófilos no son personas que viven lo extremo. Son seres vivos, generalmente microorganismos, que hallan su ecosistema ideal en lugares en los que cualquier otro viviente perecería. Y su descubrimiento ha abierto grandes posibilidades científicas.

Aunque, tomando etimológicamente el término, podría parecer que nos referimos a aquellas personas que aman lo extremo, nada más lejos de la realidad. No hablamos de practicantes de deportes de alto riesgo, ni de personas que someten su cuerpo a condiciones físicas radicales. Aunque algo tiene que ver.

Y es que la ciencia denomina así a aquellos seres vivos capaces de sobrevivir aclimatados a ambientes en los que el hombre perecería. Así, podríamos definir a los extremófilos como seres vivos –generalmente microorganismos- que hallan su ecosistema propicio en lugares inhabitables para los restantes vivientes. Ambientes con un alto índice de radiación nuclear, con temperaturas de más de ochenta grados o bajo cero, sulfurosos o alcalinos, en todos ellos encuentran estos organismos su hábitat ideal.

En la Antártida se dan una gran variedad de extremófilos

En la Antártida se dan una gran variedad de extremófilos

El hallazgo de los extremófilos, por otra parte, revistió enorme importancia, pues acabó con las teorías biorreduccionistas, para las que la vida no podía darse en condiciones tan extremas, abriendo un ingente campo a la ciencia. No se trata solamente de que, a la vista de estos seres, resultaría posible la vida fuera de la Tierra, sino de que su estudio ha permitido numerosos avances científicos en áreas tan diversas como la alimentación, la medicina, la energía o la cosmética.

En este sentido, la Antártida ha resultado ser un lugar ideal para el estudio de estos microorganismos. Las condiciones inaceptables para la vida que se dan allí hacen que cualquier hallazgo de ésta sea un auténtico fenómeno científico. Y ya se han producido importantes descubrimientos.


Por ejemplo, en el lago Untersee, cuyas aguas son tan alcalinas como un detergente concentrado y existe una alta presencia de metano –de hecho, este ecosistema recuerda a lugares como el planeta Marte-, el astrobiólogo Richard Hoover ha encontrado nuevas especies de seres vivos.

De modo parecido, existen microorganismos que se alimentan de la radiación. En las paredes de Chernobyl, se ha hallado una especie de hongo negro.

Siberia también presenta interesantes ecosistemas para los extremófilos

Siberia también presenta interesantes ecosistemas para los extremófilos

Pero existen casos aún más curiosos, como el dado en un tunel de Alaska. Allí, un grupo de científicos encontró microorganismos que llevaban 32000 años congelados y que, al deshelarlos, ‘volvieron a la vida’. Este hecho podría aportar, quizá, un enorme avance en las técnicas de criogenización.

Pero no es ésta la única aplicación práctica de estos descubrimientos. A partir de una bacteria, bautizada como ‘Thermus acuaticus’, muy resistente al calor y hallada por el profesor Thomas Brock, se creó la técnica de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la cual permite hacer copias de ADN y que es fundamental para la investigación médica. En fin, los ejemplos de aprovechamiento de este hallazgo son muy numerosos y útiles. Y, aunque el mismo no es reciente, aún falta mucho por descubrir.

Fotos: Antártida: Apcbg en Wikipedia | Siberia: Dimitry SA en Wikimedia