El estrógeno

En esta entrada vemos la hromona que define a la mujer: el estrógeno

Cuando hablamos de estrógenos, sabemos que nos referimos a la hormona que predomina en el organismo de la mujer, pero la palabra es más amplia y está unida a una serie de procesos que pueden ir desde la maternidad hasta el aumento de riesgo del cáncer. Conozcamos un poco más a esta hormona. Los estrógenos se producen en el cuerpo de la mujer en los ovarios principalmente y secundariamente a nivel de las glándulas adrenales. Este mecanismo es precedido por la liberación de hormona luteinizante y hormona folículo estimulante que secreta la hipófisis. Pero los hombres también producen cantidades mínimas de estrógeno a través de un proceso bioquímico llamado aromatización en la que la testosterona –principal hormona masculina- es convertida en estrógeno en alguna medida.

Como dijimos el estrógeno cumple varias funciones, entre las que podemos citar la tensión de la piel y la correcta asimilación del calcio en el hueso. Este último mecanismo resulta de vital importancia para las mujeres ya que la osteoporosis está ligada a la menopausia. Al descender los niveles de estrógeno, desciende la captación de calcio por parte de los huesos también. No es el caso del hombre, cuyo principal sistema de asimilación de calcio es a través de la testosterona. También se ha visto un efecto de los estrógenos a nivel del sistema circulatorio y de los vasos capilares. Los estudios han mostrado que esta hormona ejerce un importante efecto en contra de una enfermedad hasta cierto punto común: la arterioesclerosis.

Imagen tomada de Flickr por rodolfo palominos

Sin embargo, la otra cara de la moneda se presenta a la hora de hablar de algunos tipos de cánceres relacionados directamente con el estrógeno. En efecto, se ha visto que el cáncer de mama está relacionado con niveles altos de estrógenos.



Al respecto, se hicieron interesantes estudios en casos de cáncer de mama avanzados, con metástasis irreversibles en los que la radioterapia ya no tenía sentido. En varios de estos casos, se vio que las pacientes respondían efectivamente al tratamiento con testosterona, la hormona masculina. En efecto, esta hormona es antagonista del estrógeno y mayores niveles de esta, menores niveles de aquel y viceversa, con el consiguiente aumento o reducción de los efectos de ambas hormonas, según fuera el caso. Ambas hormonas permanecen en equilibrio en nuestro organismo y cualquier alteración puede traer cambios importantes en las personas.

Se reportan desde cambios de humor hasta aumento de peso. En el caso de los estrógenos se pueden citar algunos efectos como el crecimiento de las mamas –en el hombre se puede hablar de ginecomastia-, crecimiento del cabello y de las uñas, amplitud de la pelvis, ensanchamiento de las caderas, separación de las piernas, alteraciones del apetito y aumento de grasa genital o el llamado Monte de Venus. Pero la principal función del estrógeno es la que se refiere al ciclo menstrual de la mujer y en buena cuenta la que dictará los días en que ésta será más fértil y por tanto habrá mayores oportunidades para que la concepción de un nuevo ser se concrete.

De hecho, la pubertad en las mujeres arranca cuando se eleva la producción de estrógenos en los ovarios. Luego de esto, el nivel se mantiene constante por unos 25 o 30 años aproximadamente tras los cuales comienza su descenso. En este escenario, el organismo de la mujer sigue produciendo los precursores del estrógeno prácticamente con normalidad, es decir la hormona luteinizante y la hormona folículo estimulante. Son los ovarios los que ya no responden adecuadamente y presentan una respuesta deficitaria a la manufactura de estrógenos. En este contexto es que comienzan a aparecer los bochornos y sudores nocturnos conjuntamente con otros síntomas que van anunciando la llegada de la menopausia. Bajo este panorama surgen las terapias de reemplazo hormonal en base a estrógenos sintéticos ya que la osteoporosis y la arterioesclerosis llaman constantemente a la puerta durante esta etapa.

Cuando la mujer va llegando a estos años, es imperioso que acuda a consulta con el médico especialista que debe determinar en base a una serie de análisis cuál es el entorno hormonal en que se encuentra la paciente en ese momento y cuál será el mejor esquema de reemplazo hormonal para ella en caso de necesitarlo. El ajuste de las dosis de hormonas debe ser motivo de seguimiento exhaustivo ya que se puede caer en zona de riesgo de cáncer o de padecer algunos otros males como cardiopatías, accidentes cerebro-vasculares y embolias de pulmón. Al respecto, lo recomendable es una actitud conservadora y la restricción a las terapias de reemplazo hormonal cuando el riesgo por osteoporosis o arterioesclerosis es evidente.

Imagen tomada de Flickr por rory obryen

Si no es este el caso, la mujer siempre puede contar con la ayuda de la medicina natural para paliar los síntomas incómodos de la menopausia como la depresión. Son recomendados en tal sentido los productos a base de isoflavones de soya y en general todos los alimentos que contengan fitoestrógenos, los cuales tienen un efecto similar al estrógeno en el cuerpo. Si el médico ha evaluado y ha visto necesaria la terapia de reemplazo hormonal con estrógenos, entonces hay que saber que estos vienen en forma de tabletas comprimidas que se ingieren por vía oral conjuntamente con las comidas y una vez al día. El médico debe ajustar el cronograma de toma de los estrógenos ya que existen diversas formas en base a la dosis que cada marca y producto ofrece.

Hay algunos que se deben tomar todos los días y otros que se deben hacer alternando los días o por ciclos de determinados días de duración por otros de descanso. Además de esto, cada mujer que toma estrógenos debe conocer algunos de los síntomas que este puede acarrear y en caso de persistencia de los mismos, debe acudir a su médico de inmediato. Entre ellos podemos citar dolor o sensibilidad en los senos, malestar estomacal, vómitos, ardor o cosquilleo en brazos y piernas, hinchazón o enrojecimiento de la vagina, oscurecimiento irregular de la piel en el rostro, calambres en las piernas y contracturas en los músculos.