El hambre en el hombre

En esta entrada veremos cómo funciona el mecanismo del hambre en el ser humano

¿Qué es exactamente el hambre? Podemos definirla en palabras simples como un deseo urgente de comer. El apetito, por otro lado, es el deseo de alimentos específicos en lugar de cualquier alimento. El hambre con frecuencia es acompañada de un grupo de sensaciones, incluyendo sensación de vacío y ruidos raros en el estómago, dolor de cabeza, mareo, y mayor tensión y agresividad en el cuerpo. Los mecanismos que controlan el equilibrio entre hambre, apetito y saciedad son complejos y con frecuencia misteriosos. Aun cuando los ruidos en el estómago sean los más escandalosos, el órgano más importante en la regulación del apetito es el cerebro. Este y una glándula pequeña llamada hipotálamo, que está localizada en el centro del cráneo, integran una gran variedad de información proveniente de los centros del hambre, y controlan la dotación de nutrientes al cuerpo. El hipotálamo gobierna la producción de impulsos nerviosos, y evalúa el estado nutritivo y los factores mecánicos desde el estómago e intestinos, o tracto gastrointestinal. Esta glándula, esta dividida en dos partes, llamadas el centro del hambre y el centro de la saciedad.

Imagen tomada de Flickr por Rodrigo F

Cuando el centro del hambre se estimula, , el centro del impulso en el cerebro se activa, provocando que la persona busque comida. Cuando el centro de la saciedad se estimula, se inhibe el impulso del hambre. El sentido de olfato estimula también al impulso del hambre, ya que el nervio olfatorio se comunica indirectamente con el centro del hambre. Por otra parte, los factores nutritivos ejercen su efecto en el centro del hambre en base a ciclos por hora o por mes. Uno de los factores nutritivos más poderoso y que más rápido actúa sobre el hombre es el nivel de glucosa en la sangre. De acuerdo con la ampliamente aceptada teoría glucostática, si estos niveles caen demasiado bajo, el centro del hambre se estimula.


De la misma forma, si los niveles de glucosa suben demasiado, la actividad del centro de saciedad aumenta, disminuyendo así el deseo de comer. Los niveles de aminoácidos afectan al hambre casi de la misma manera en que lo hacen los niveles de glucosa. Es decir, un aumento en la concentración de aminoácidos disminuye el deseo de comida. El mecanismo de los aminoácidos no es tan fuerte como el de la glucosa, pero ambos factores afectan el impulso a corto plazo, por horas.

De la misma forma, los niveles de ácidos grasos en la sangre y el tejido adiposo del cuerpo (grasa), también afectan el impulso del hambre. Sin embargo, esta regulación se da a más largo plazo –por meses- y tiene un efecto muy pequeño en el control del apetito. También se dice que deficiencias nutritivas específicas producen un mayor actividad del hambre, lo que refuerza la idea de que una dieta muy estricta puede necesitar aumentar la suplementación para evitar deficiencias de vitaminas o minerales quye puedan aumentar el apetito. La temperatura del cuerpo también afecta el hambre por su influencia en la actividad metabólica. Las temperaturas más calientes disminuyen el deseo de comer, mientras que las temperaturas más frías tienden a tener el efecto contrario. Las señales enviadas al centro del hambre por el estómago y los intestinos, generalmente tienen un efecto a corto plazo. La primera señal al cerebro, ocurre cuando el estómago y el duodeno se llenan, cuando se envían señales inhibitorias al centro del hambre para que se disminuya el deseo de comer.

Imagen tomada de Flickr por flojo perpetuo

Además, cuando una parte de la comida que contiene grasa entra al duodeno, una hormona llamada colecistoquinina se libera en el torrente sanguíneo. Cuando esta hormona llega al cerebro, actúa como un neurotransmisor –químico que estimula las células nerviosas- para inhibir el centro del hambre. También hay áreas del cerebro que controlan la masticación, el sabor, la salivación y la acción de tragar –actividades que, con el tiempo, envían señales inhibitorias al centro del hambre. Esta inhibición desafortunadamente dura por sólo 20 a 40 minutos y es una señal menos potente que la de inhibición por satisfacción. Como vemos, el hambre, ciertamente es un mecanismo mental, por tanto susceptible de controlar. Por otra parte, no debemos perder de vista que es un mecanismo de supervivencia y un instinto primario que se encuentra íntimamente ligado al mecanismo del stress. Debemos tener presente que el hambre, a estas alturas de nuestras vidas, se ha convertido en un hecho prácticamente mecánico y rutinario hasta cierto punto. Movido por la necesidad eso si. Pero depende de nosotros no caer en la gula.