El suplicio de Tántalo

La mitología hace referencia a varios castigos impuestos a los mortales por los dioses, uno de ellos es del rey Tántalo, el cual es conocido como “el suplicio de Tántalo”. En la mitología griega, Tántalo era el rey de Frígia o del monte Sípilo en Lidia (Asia menor) Era hijo de de Zeus y la oceánide Pluto, hija de Cronos. Tántalo se casó con Dione, hija del Cielo y de la Tierra, y fue padre de Pélope, Níobe y Broteas.

En la mitología griega, Tántalo era el rey de Frígia o del monte Sípilo en Lidia (Asia menor) Era hijo de de Zeus y la oceánide Pluto, hija de Cronos. Tántalo se casó con Dione, hija del Cielo y de la Tierra, y fue padre de Pélope, Níobe y Broteas. Sin embargo, también se dice que su esposa pudo ser Euritemista, una hija del dios-río Janto, Eurianasa hija del dios-río Pactolo, o Clitia hija de Anfidamante.

Tántalo – imagen subida por Dominik Hundhammer a Wikipedia, autor Francisco de Goya.

Tántalo es un personaje muy conocido en la mitología griega por el castigo que le fue impuesto, y que lo convirtió en unos de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del inframundo, reservada al castigo de los malvados.

Tántalo era un rey amado por los dioses, tanto era el cariño que le tenían, que hasta lo invitaban a participar de sus festejos en el Olimpo. Pero ellos no sabían que Tántalo ocultaba sentimientos oscuros y que también era un pillo redomado. En una ocasión robó Néctar y Ambrosía (bebida y alimento de los dioses) del Olimpo, para repartirlos entre sus amigos y concubinas.

En otra ocasión, se encargó de divulgar entre los mortales secretos de los dioses y juró en falso ante el dios Hermes. Incluso, llegó a negar la divinidad de Apolo (el Sol) asegurando que sólo era una bola de fuego; y luego raptó a Ganimedes, el príncipe frigio que era tan hermoso que Zeus, enamorado de él, se convirtió en águila para raptarlo y llevárselo al Olimpo.

Pero estas fechorías de Tántalo quedaron cortas cuando los dioses, que andaban de viaje por el Asia Menor, le pidieron hospedarse en su palacio, y Tántalo, queriendo agradecer esta visita, los invitó a un fastuoso banquete que organizó en el monte Sípilo, en el que no escatimó gastos. Pero llegado un momento se dio cuenta que no sería posible alimentar a todos y urdió un terrible plan con el que pretendió engañar a sus comensales. En lo que constituye un arquetípico rito de iniciación chamánica, tomó a su pequeño hijo Pélope y lo descuartizó, luego coció sus miembros y los sirvió a los invitados presentándolo como un exótico platillo.

Representación del Inframundo – subida a Wikipedia por Tttrung, origen: PDimages.com

Los dioses, que habían sido advertidos del crimen que había cometido Tántalo, evitaron tocar la ofrenda. Lamentablemente, sólo Deméter, afligida por la reciente pérdida de su hija Perséfone, a quien Plutón había raptado y llevado a los Infiernos, no se percató de lo que estaba ante ella y se comió el hombro izquierdo del desdichado Pélope. Contrariado por lo que había sucedido, Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo del pequeño y lo volviera a cocer en un caldero mágico, sustituyendo su hombro perdido por uno forjado de marfil de delfín, el cual había sido hecho por Hefesto y ofrecido por Deméter, y luego lo resucitó haciéndolo más hermoso de lo que era antes, las parcas también contribuyeron a añadir nuevas cualidades en el hijo de Tántalo. Posteriormente, para reforzar su iniciación en los misterios divinos, Poseidón secuestró al nuevo Pélope y lo llevó al Olimpo, haciéndolo su amante.

Viendo que había sido descubierto, Tántalo huyó y vivió escondido durante un buen tiempo, pensando que ocultándose podría escapar del castigo que le esperaba. Pero, fiel a sus malas costumbres, cometió un último crimen que terminó por colmar la paciencia de los dioses. Cuando Pandáreo robó el mastín de oro, que había sido construido por Hefesto para ser regalado a Rea, quien usó a este perro para proteger al recién nacido Zeus, se lo dio a Tántalo para que lo ocultara. Una vez pasada la alarma inicial, sin que se supiera nada del perro, Pandáreo le pidió que se lo devolviera, pero Tántalo le juró por Zeus que nunca había oído hablar de él, otra versión invierte los papeles y señala que Tántalo era el ladrón y que Pandáreo fue quien ocultó al perro.

Enterado de este nuevo delito, Zeus montó en cólera al saber no sólo que había sido víctima de un robo, si no que habían jurado en su nombre para encubrir el hurto. Zeus aplastó a Tántalo con una roca que pendía del monte Sípilo y lo mató, luego dejó en ruinas su reino. Pero el castigo no terminó cuando fue aplastado por la roca, después de muerto, Tántalo fue eternamente torturado en el Tártaro por los crímenes que había cometido.

En lo que constituye actualmente un ejemplo proverbial de tentación sin satisfacción, el castigo de Tántalo consistió en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intenta tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiran inmediatamente de su alcance. Y Tántalo sueña con asados y néctares, dispuestos en una gran mesa preparada sólo para él. Pero nunca los logra alcanzar por más que se esfuerce. Además pende sobre él una enorme roca oscilante, que amenaza con aplastarle para expiar todos los crímenes que había cometido.

Cuando fue adulto, Pélope heredó el reino de Lidia y posteriormente se casó con la bellísima Hipodamia, la que en otra versión de la historia se casó con Piritoo y durante su boda ocurrió la batalla fenomenal de los Centauros con los Lapitas. Pélope fue también un héroe epónimo,  dio su nombre al Peloponeso, la península meridional de Grecia, y también traicionó a Mírtilo en un incidente en el que terminó perdiendo la vida. Antes de morir, Mírtilo maldijo a Pélope, ocasionando que años más tarde su familia sea destruida.

Según los expertos en mitología, el significado del mítico suplicio de Tántalo, además de la severidad del castigo que merece el parricidio filicidio, consiste en que el hombre por su misma insensatez, se priva de todo lo que tiene al alcance de la mano. El castigo de Tántalo también representa las frustraciones sufridas por aquellas aspiraciones insatisfechas, y la dualidad contradictoria que existe entre la voluntad de la autonomía y el persistente complejo de culpa en el hombre.

Créditos:

Imagen 3: escultura de Zeus en el museo Pio Clementino - obtenida de Wikipedia, autor de la foto Jastrow.

Ya hay 9 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • Ulises
    14 feb 2009

    Excelente síntesis del mito de Tántalo, me parece prudente que en medio de esta posmodernidad caracterizada por una crísis de valores, se difundan enseñanzas metafóricas de éste tipo.

  • JavierZ
    01 ago 2009

    Excelente artículo, me gustó mucho. Ahora, quisiera hacer una observación: me parece que se produjo un error hacia el final, cuando se habla del sentido metafórico de la historia de Tántalo. Creo que, en vez de decir “parricidio”, debería decir “filicidio”, pues a quien mató Tántalo fue a su propio hijo Pélope, buscando agasajar a los dioses del Olimpo. Gracias.-

  • elena
    02 ago 2009

    Muy bueno el artículo, especialmente el paralelo con las actitudes del
    hombre, que muchas veces no se anima a expresar sus deseos u objetivos
    por un temor supersticioso de que si lo hace nunca los logrará. Aparte está el hecho de creer que no lo merece y entonces elige quedarse en
    una medianía y a llamar exitosos a los que parecen haber alcanzado algo,
    que a lo mejor a esos otros no los ssatisfacen realmente.

  • Hola Javier,

    Efectivamente, llevas razón con la observación y la explicación. Ahora mismo la corregimos en el texto para evitar que muchos caigan en el error.

    Muchas gracias por el comentario y sobre todo, por la corrección :)

    Saludos!

  • cyntia
    24 ago 2009

    que se supone que es esoo oseaaa !
    la cosa no es asii :D ud no estubieron

  • Chantal
    15 oct 2009

    Hola, ¿por qué comentas que se trata de un rito de iniciación chamánica cuando Tántalo mata a su hijo? ¿Podrías responderme a mi correo electrónico, por favor?

    ¡Saludos y gracias!

  • Luis
    07 nov 2009

    “Harmand, diputado de la montaña, en la sesión de la Convención del 25 de abril de 1793, interviene así: Los hombres que realmente quieran ser veraces confesarán conmigo que después de haber conseguido la igualdad política de derecho, el deseo más activo es el de la igualdad de hecho. Digo más, digo que sin el deseo o la esperanza de esta igualdad de hecho, la igualdad de derecho no sería más que una ilusión cruel que, en vez de los goces que ha prometido, sólo haría experimentar el suplicio de Tántalo a la porción más útil y más numerosa de los ciudadanos”. Discurso en la Asamblea Constituyente, citado por Marcel Gauchet, La révolution des droits de l’homme, París, Gallimard, 1989, pág.214 y reproducido por Robert Castel (2008) La inseguridad social, Ed. Manantial, Bs Aires, pág. 37-8. Los diputados de la montaña, en las Asambleas Constituyentes de 1792 y siguientes, eran los se ubicaban a la izquierda y en las gradas superiores. sus jefes principales eran Marat, Robespierre y Danton.

  • Ramón.
    25 feb 2010

    Valía también parricidio, ya que también se denomina así el acto de dar muerte el padre al hijo. Ver vgr. el diccionario de María Moliner.

  • [...] «No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Tener acceso a las palabras y no a lo que designan, es la más refinada versión del suplicio de Tántalo.» [...]

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