Factoring: ¿qué es y cómo funciona?

Para que la economía funcione, es preciso que haya consumo. Pero también que las empresas posean liquidez y ésta se consigue, además de con las ventas en efectivo, mediante una serie de recursos financieros. Entre éstos se encuentra el Factoring, una operación que anticipa a éstas el cobro de las facturas a crédito.

Para que la economía funcione, es imprescindible que el dinero se mueva a través del consumo. Pero también que las empresas tengan la posibilidad de utilizar una serie de recursos financieros que facilitan su actividad y, sobre todo, su liquidez a corto plazo, pues de lo contrario, aunque tengan pedidos de compradores, no podrían sostenerse y se verían abocadas al cierre.

Entre estos recursos se encuentran figuras mercantiles como los pagarés, los cheques o las letras de cambio. Pero también otras más modernas como el Factoring, que permite a las empresas tener garantizado el cobro de sus facturas y, además, recibir estos importes por adelantado.

El factoring es una operación que facilitan los bancos

El Factoring suele ser negociado con los bancos. En la foto, edificio de una entidad bancaria

Por tanto, podríamos definir el Factoring como la operación mediante la cual una empresa cede a otra (generalmente una entidad bancaria) su cartera de efectos de cobro por ventas a crédito a cambio de que ésta última le adelante los importes de dichas facturas, que más tarde se ocupa de cobrar asumiendo los riesgos de insolvencia de los pagadores. Además, cuando cliente y proveedor son de diferentes países, la operación se denomina Forfaiting y se lleva a cabo en euros –si ambos pertenecen a la llamada Zona Euro- o en divisas.

Como puede deducirse de ello, el Factoring presenta varias ventajas para la empresa cedente: se asegura el cobro de sus facturas al tiempo que facilita a sus clientes el pago a crédito, con lo cual se reduce el riesgo de impagados. Además, se elimina todo el trabajo de gestión de cobros y los gastos generados por el Factoring son fiscalmente deducibles. Pero, sobre todo, la citada empresa cedente se garantiza su solvencia.

Se trata de una figura mercantil muy útil para compañías que venden a crédito, especialmente si éste es a largo plazo, pero sobre todo para empresas en expansión, que así se garantizan la posibilidad de seguir creciendo. Y, en cualquier caso, es aconsejable su contratación cuando el volumen de ventas a plazo del negocio es alto y además origina fuertes costes administrativos y de gestión. También resulta muy interesante cuando se necesita liquidez inmediata por tener que afrontar pagos e inversiones. Por otra parte, casi todos los bancos ofrecen este servicio a sus clientes, aunque tal como está el crédito actualmente es posible que pidan muchos requisitos y que cobren a cambio elevadas comisiones. No obstante, todo ello varía de una entidad a otra por lo que lo ideal es informarse y, posteriormente, realizar una comparativa para saber cuál es la mejor oferta.

Fuente: A.J.E. Impulsa.

Foto: Elle Brown.