La Vía Láctea, el hallazgo de Demócrito de Abdera

La Vía Láctea es la galaxia donde se encuentra el Sistema Solar y, por tanto, la Tierra. Su existencia fue confirmada científicamente por Galileo y desde entonces hemos aprendido mucho sobre ella. Sabemos que consta de tres partes: halo, disco y bulbo y que en su centro es posible que exista un gran agujero negro. También sabemos que posee galaxias satélites como las Nubes de Magallanes. No obstante, aún nos faltan muchos datos para conocerla bien.

La Vía Láctea es nuestra galaxia, la que alberga el Sistema Solar y, dentro de él, la Tierra. Aunque hoy ya sabemos mucho acerca de ella, es todavía más lo que ignoramos –valga como prueba el hecho de que un reciente trabajo científico ha demostrado que es un cincuenta por ciento más masiva de lo que creíamos-, por lo cual astrónomos del mundo entero continúan investigándola.

Aunque el título del artículo alude a que su descubridor fue Demócrito de Abdera, filósofo griego que vivió aproximadamente entre el 460 y el 370 antes de Cristo, ello no es exactamente así, puesto que siempre estuvo a la vista del hombre desde los orígenes de éste como tal. Lo que realmente hizo Demócrito fue adivinar que aquel haz de luz de color lechoso que atravesaba el cielo era, en realidad, un conglomerado de estrellas, aunque no pudo demostrarlo.

Foto de una perseida atravesando la Vía Láctea

La Vía Láctea siendo atravesada por una perseida

Para la mitología de sus contemporáneos griegos había sido leche derramada del pecho de la diosa Hera y habría que esperar a la aparición de Galileo Galilei (Pisa, 1564-1642) para que las teorías del filósofo helénico fueran confirmadas. Desde entonces, como decíamos, es mucho lo que hemos avanzado en el conocimiento de nuestra galaxia.

Así, sabemos que su forma es la de una barra alargada y en espiral cuyo diámetro medio es de unos diez mil años luz, que contiene entre doscientos mil millones y cuatrocientos mil millones de estrellas –oscilación de cálculo que se debe a que muchas de ellas son binarias- y que la distancia desde el Sol solamente hasta el núcleo central de la galaxia es de unos veintisiete mil años luz.

Sin embargo, trabajos recientes han especulado con la posibilidad de que esté rodeada por una corona mucho mayor de materia no detectada que se encontraría tras la gigantesca nube de hidrógeno que la circunda.

También sabemos que pertenece a un conjunto de unas treinta galaxias que se conoce como Grupo Local, del que forman parte junto a ella la galaxia de Andrómeda, la del Triángulo, las llamadas Nubes de Magallanes –dos galaxias más pequeñas que son satélite de la nuestra- y otras de menor tamaño. Entre todas ellas, agrupadas por la fuerza de la gravedad, ocupan un área de unos cuatro millones de años luz de diámetro Todo esto nos da una idea de sus dimensiones.

Por otra parte, se estima su edad en unos trece mil millones de años, dato que se obtiene del estudio de los cúmulos globulares y del trabajo geológico sobre ciertos minerales. Asímismo, se cree que todas las estrellas que componen la Vía Láctea se encuentran rotando alrededor de un núcleo que podría contar en su interior con un agujero negro.

Foto que recrea un agujero negro

Imagen que recrea un agujero negro como el que se cree que existe en el centro de la Vía Láctea

Igualmente, los avances científicos han permitido identificar los brazos de la espiral que es nuestra galaxia, lugares con gran cantidad de cúmulos estelares. Así, partiendo desde el centro de ésta, el más cercano es el de Norma-Centauro, el siguiente es el de Sagitario y, a continuación viene el nuestro, conocido como de Orión o del Cisne. Por último, el más exterior es el de Perseo.

Las estrellas que contiene la Vía Láctea han sido agrupadas por los astrónomos en dos tipos: las del primero de ellos son azules y brillantes y las del segundo son gigantes rojas. A éstas últimas pertenecen las de su zona central y las de su halo. Éste último constituye una de sus partes, junto al disco y al bulbo.

De este modo, el halo es su parte más exterior, una estructura de tipo esferoide que la envuelve. Su concentración estelar es muy baja y apenas existen nubes de gas. Sin embargo, es la zona donde abundan los cúmulos globulares, es decir, grupos de estrellas viejas que, probablemente proceden de la formación de la galaxia. Igualmente, existe en el halo gran cantidad de materia oscura, esto es, aquélla que no podemos ver y cuya composición es desconocida pero que podemos deducir por el efecto gravitacional que causa sobre la visible.

Por su parte, el disco está conformado por estrellas del tipo I antes citadas, es decir, azules y grandes y, por tanto jóvenes. También posee abundante gas y en él se encuentran los brazos de la espiral que antes hemos enumerado. El brillo de éstos es mayor porque en ellos se hallan los gigantes azules, estrellas de tipo espectral O y B. Además, entre el disco y la tercera parte de la galaxia o bulbo, existe un anillo que concentra gran cantidad del hidrógeno molecular de la Vía Láctea y es una zona de intensa actividad de formación de estrellas.

El centro de la galaxia se conoce, por tanto, como bulbo y en él se concentra la mayor cantidad de estrellas. A su vez, en su parte central se cree que se encuentra un gran agujero negro que los científicos denominan Sagitario A. Sin embargo, teorías más recientes afirman que la Vía Láctea carece de un bulbo central creado por el choque y fusión de galaxias preexistentes. En su lugar, habría un pseudo-bulbo en forma de barra.

Foto del Observatorio de la ESO en Paranal

Observatorio de la Agencia Espacial Europea en Paranal (Chile), uno de los lugares desde los que se estudia la Vía Láctea

Por último, la Vía Láctea posee también galaxias satélites. Las más importantes son las llamadas Nubes de Magallanes, una de mayor tamaño que la otra, aunque ambas son consideradas enanas. Son más ricas en gas y más pobres en metales que la nuestra y su morfología parece encontrarse bastante distorsionada por su interacción con ésta.

Muy próxima a la Vía Láctea se encuentra igualmente la Galaxia Elíptica Enana de Sagitario, descubierta en 1994 y que, debido a su cercanía, está siendo completamente absorbida por ella. Se encuentra en el lado opuesto a nuestro Sistema Solar con relación al centro de la galaxia y, por ello, es difícil de observar,  aunque el hecho de estar compuesta por estrellas viejas y poseer poco polvo interestelar hace creer a los investigadores que es ya anciana.

En suma -como decíamos-, si ya sabemos mucho acerca de nuestra galaxia, es aún más lo que nos falta por descubrir –de hecho, algunas zonas de ella no pueden ser observadas desde la posición de la Tierra- y, con el tiempo, nos llevaremos alguna que otra sorpresa que, quizá nos obligue a recomponer nuestra idea de la Vía Láctea.

Fuente: Astromia.com y Astrocosmo.

Fotos: Vía Láctea: Juan Jaén en Flickr | Agujero negro: Corvin Zahn en Wikimedia | Observatorio de la ESO: Originalwana en Wikimedia

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