Münchhausen: cuando la enfermedad es simulada

Todos hemos conocido a alguna persona que padece Hipocondria. Basta con que oiga hablar de una enfermedad para que se muestre convencido de padecerla. Sin embargo, existe un trastorno menos frecuente pero que puede afectar seriamente tanto al que lo padece como a los servicios sanitarios. Se trata de la enfermedad de Munchhausen, que explicamos en este post.

A todos nos han hablado alguna vez de otra persona que cree padecer todas las enfermedades. Basta con que le hablen de una para que piense que tiene todos sus síntomas y, por tanto, acuda de inmediato al médico para ponerse en tratamiento. Esa persona padece lo que lo expertos denominan Hipocondría y, aunque no es ninguna enfermedad física, se encuentra catalogada entre las mentales, concretamente entre los miedos o fobias.

Sin embargo, existe otro padecimiento mental menos frecuente y bastante más peligroso, no sólo  para el individuo, sino también para los servicios sanitarios que deben atenderle. Se trata del Síndrome de Münchhausen, así llamado en honor al famoso barón germano del siglo XVIII conocido por narrar sus aventuras exagerándolas hasta el extremo.

Munchhausen ha bautizado a esta enfermedad

Munchhausen ha bautizado a esta enfermedad que puede ser mal entendida por los servicios sanitarios (en la foto, un hospital).

Y es que quiénes padecen este problema son capaces de simular una gran variedad de enfermedades de un modo que puede llegar a confundir a los especialistas, pues se trata de personas inteligentes y con recursos y sus actuaciones pueden alcanzar gran sofisticación. Su principal diferencia con los hipocondríacos es que, mientras éstos creen tener una enfermedad, los sujetos con Síndrome de Münchhausen son perfectamente conscientes de que están sanos. Simulan la enfermedad a causa de un trastorno mental y, por ello, son frecuentes en estas personas los sentimientos de culpa.

Generalmente, su padecimiento se debe a abusos emocionales y físicos en edades tempranas que les han originado problemas de identidad y un sentido deficiente de la realidad que les rodea. Además, tienen un inadecuado control de los impulsos y sus relaciones con otros son muy inestables. En suma, se trata de personas que necesitan que se les preste atención y que no confían en los demás. Por eso tratan de manipularlos.

Respecto al tratamiento para estos pacientes, muy pocas veces se obtienen resultados. Si se accede a sus deseos, dejándose manipular, se alivia su tensión pero, a la larga, el efecto es adverso, pues ello genera una escalada en sus pretensiones. Por el contrario, si no se les presta atención, se limitan a cambiar de médico o de centro de salud. La forma adecuada de tratarlos es intentar que reconozcan su problema sin hacerles reproches. Pero esto es muy difícil de conseguir y rara vez acceden a la terapia psiquiátrica. Por ello, algunos expertos recomiendan a sus familiares y médicos obrar como si tuvieran realmente la enfermedad que dicen padecer evitando –eso sí- que se mediquen en exceso.

Fuente: Tuotromedico.

Foto: Gov/Ba.

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