Orígenes del pensamiento humano

En este artículo hablamos de cómo el ser humano primitivo pasa de un pensamiento primigenio basado en mitos y creencias ancestrales a un conocimiento sistemático que supone los comienzos del pensamiento científico, la base del progreso humano tal y como lo conocemos hoy día.

Resulta dificultoso el trabajo de separar aquellos logros que provienen del pensamiento, y de un saber elaborado, acaecido, por lo demás, en los primeros tiempos de la humanidad occidental, que como norma habitual se ha identificado con el mundo y el pueblo griegos.

En esos primeros tiempos todavía subyacían connotaciones míticas que, por otra parte, bloqueaban todo intento de sistematización del pensamiento.

Aunque, no obstante, el mito representará una fase necesaria y, al propio tiempo, productiva, cuando se trata de elaborar un producto vital cual es el propio contenido del pensamiento humano fruto de su inteligencia y su capacidad para adquirir conocimientos.

Una mujer pensando

Una mujer pensando

El pensamiento humano, por tanto, no aparece de una manera instantánea, sino que, por el contrario, va sucediéndose y afianzándose a través de ciertas vicisitudes históricas, entre las que se encuentra, sin duda alguna, el mito y la diversidad de creencias pero, también, la predisposición del propio humano hacia el conocimiento más intenso y extenso de la realidad, la cual se compone de factores complejos, contingentes y diversos.

La conciencia mítica carece de categorías abstractas, por lo que tendrá que utilizar representaciones y símbolos, pues de otro modo no podría desenvolverse en su propio mundo. El humán de los primeros tiempos históricos se habría hallado en posesión de su mera posibilidad de pensar, pero, al propio tiempo, se vería imposibilitado de servirse de aquélla por carecer de las categorías más elementales de orientación cognoscitiva y situacional. Habría tenido que empezar por calcar las categorías a partir de su propio vivir ya que, incapaz de descubrir en la realidad una contextura firme y sistemáticamente inteligible, no poseería el menor punto de apoyo mental desde donde irse construyendo un sistema categorial, sino que contaría sólo con su mero y propio vivir, su movimiento práctico y experimental.


Se encontraría, por tanto, además, inmerso en un flujo de estímulos y de tendencias, sin conocer los límites y contornos de las cosas, ni los suyos propios; sin cauces mentales por los que canalizar sus experiencias.

Más, para tomar conciencia de su experiencia de vivir le faltaban, también, al humán de la antigüedad clásica, las categorías necesarias para objetivar los contenidos de la misma. Por todo esto, tendría que empezar por orientarse a partir de sus movimientos y de sus gestos; la repetición de gestos similares iría, a su vez, creando de manera pausada la conciencia de una continuidad y de una orientación. Los modos externos o, por así decirlo, litúrgicos del grupo, además del propio cuerpo, habrían sido el primer eje cósmico en torno al cual se habrían ido consolidando las relaciones espaciales y, a partir de éstas, todas las demás. Los gestos tipificados y repetidos habrían cristalizado en ritos; el rito mimético y dinámico habría sido el primer sistema de categorías humano. Unas categorías que irían fijando los cauces de la expresividad.

A partir de estos ritos y de danzas dramáticamente vividas, se habrían ido consolidando y, a la vez, convirtiendo en narraciones. Así se constituyó la sucesión de imágenes que fue dando consistencia al mundo de los humanos de la época clásica, creando una densidad histórico-cultural en su vida.

El primer rastro de conciencia humana es la proyección del símbolo sobre la realidad material, bien sea sobre el propio cuerpo (tatuaje), bien sobre un cuerpo extraño (hacha o cueva).

El terror cósmico que debió poseer el humán en sus orígenes (el más indefenso de los animales en cuanto a sus órganos corporales y el más previsor de los peligros) fue el acicate que le impulsó a orientarse. La denominada triple necesidad universal:

*la psicosomática de adaptarse a un mundo inteligible y ordenado,
*la de explicar el sentido de los fenómenos,
*la de suplir la escasez de sus propios medios,
le llevó a la proyección simbólica, a la liturgia, a la mitología y a las técnicas -técnica de la cerámica, de la agricultura, del tejido, etc.

Los rasgos generales de esa etapa primigenia son tres:

1.º Simbolización (que conduce al ritualismo).
2.º Pensamiento (que conduce al mito).
3.º Técnica (técnica del fuego).

Cada uno de los rasgos reseñados corresponde a esa triple necesidad universal.

En una segunda etapa aparece la conciencia individual religiosa juntamente con los grandes conjuntos supratribales que llevarán a la organización estatal. El hombre de las sociedades tribales vive, piensa y actúa en grupos, sin vida privada y sin conciencia propia, pero esta prosigue su lenta evolución hasta que llegue el momento en que se sienta oprimida, alienada, por la colectividad.

Cuando aparece la organización estatal, el individuo deja de ser miembro de un grupo familiar o tribal y se convierte en súbdito, con lo cual ve coartada su libertad personal y económica al mínimo, y lo que es peor, esta impresión de poder presenta un carácter religioso que le obliga a obedecer desde dentro de su conciencia.

No obstante, se empieza a entrar en una etapa en que los pueblos y sus gentes necesitan tanto sistematizar su conocimiento como la pasión, el arte, el mito y la religión.

Por tanto, los sistemas de pensamiento, su alcance, su validación filosófica, constituyen un hito histórico que vale la pena reseñar, pues, aún hoy, las lucubraciones llevadas a cabo en la antigüedad clásica siguen asombrando a todos aquellos que se interesan por la civilización y el denominado por muchos investigadores “gemo griego”.