Trastornos en el adolescente por las redes sociales

Hace unos días publicamos un artículo referente a los peligros que un uso indebido de las redes sociales podía acarrear para el usuario. Hoy veremos los trastornos que puede provocar en algunos adolescentes.

Hace unos días publicamos un artículo referente a los peligros que un uso indebido de las redes sociales podía acarrear para el usuario. Ciertos trastornos de la personalidad derivados de la fragmentación de la misma a través de diferentes canales y a la interacción entre los distintos roles que protagonizamos con los distintos grupos sociales de los que formamos parte.

Las redes sociales pueden provocar algunos trastornos en los adolescentes

Hoy, sin embargo, es nuestra intención dar a conocer los principales peligros que un uso indiscriminado de las Redes Sociales conlleva para el público adolescente, en pleno proceso de formación de su personalidad. Las redes y plataformas sociales no son un juguete y un uso indebido de las mismas, sin la debida vigilancia de un adulto, puede ocasionar graves trastornos en la evolución personal de los más jóvenes, llegando a generar incluso la dependencia a los mismos.

Irrealidad y distorsión del ego.
Las redes sociales son el mejor adalid del anonimato. Son la mejor oportunidad para no mostrarnos como somos y para fantasear con aquella persona que nos gustaría ser. Cierto es que esto es un comportamiento muy extendido, no sólo en las redes sociales, y que se lleva cabo por muchos individuos, sean estos o no, adolescentes.

Sin embargo, es en esta etapa cuando los jóvenes son más vulnerables, pues aun no tienen conformada su personalidad ni la imagen de ellos mismos. Es común oírles cambiar de opinión frecuentemente acerca de lo que quieren ser o sobre cómo son. Al no tener conformados aun los márgenes de su personalidad, el idealizar su persona a través de la Red puede crear sentimientos de complejo a la hora de enfrentarse a la realidad. Más cuando el mundo virtual parece tender a una idealización extrema, inundada de falsos clichés, en la que pocos jóvenes se muestran realmente como son.

Adicción.
En primer lugar, debemos tener en cuenta que no es lo mismo el uso de Ias plataformas sociales que su abuso. Consideramos que un individuo es adicto a la Red cuando esta actividad le interrumpe o distorsiona la ejecución de otras tareas habituales que, hasta el momento, había realizado con l normalidad.

El principal problema es que los adolescentes no siempre están vigilados por sus padres o tutores cuando se encuentran delante de las pantallas, cómo hacerlo muchas veces en este ajetreado ritmo de vida que llevamos. Los padres no pueden estar pendientes las 24 horas, pero según gran cantidad de psicólogos hay factores que pueden inducir a pensar que en efecto existe tal adicción:

  • El hecho de que se evite con reiteración el quedar con otros chicos para salir a la calle o realizar los juegos y actividades propias de la gente de su edad, con el pretexto que quedarse a estudiar o hacer trabajos delante del ordenador o el uso indiscriminado del chat como único medio de comunicación con sus amigos, son algunos elementos a tener en cuenta.
  • Otra de las razones que apuntan los psicólogos infantiles es la de que el adolescente comience a descuidar ciertos hábitos que antes observaba. Descuidar su aspecto personal o acostarse a horas intempestivas por estar chateando, puede ser también sintomático de que algo no anda bien.
  • Cuando los hijos son incapaces de desconectar del ordenador, se irritan en exceso si se les interrumpe, o si se observan respuestas desproporcionadas con el hecho de mandarles apagarlo, también podemos estar ante un posible caso de adicción.

No seamos alarmistas.
Pese a que lo anteriormente citado sean consideradas pautas de cierto riesgo por los psicólogos infantiles, no debemos ser alarmistas. Es hasta cierto punto normal que alguna de las pautas citadas se produzcan alguna vez. Ahora bien, el problema es cuando estas se convierten en algo ordinario y se agraven sus síntomas, en ese caso lo recomendable es primero hablar de forma abierta con el adolescente y después, si las cosas no cambian, ponerse en contacto con un especialista para atajar el problema a tiempo.

Imagen: mediaspin